Garciarias muestra los colores de la Alpujarra en la Sala Zaida

Pedro Garciarias vuelve a la Sala Zaida, de Fundación Caja Rural, con una exposición sobre la Alpujarra. ‘Yegen, el color del alba, 1984-2014’ es el resultado de una cuidada selección de las pinturas y dibujos que Garciarias ha dedicado al paisaje alpujarreño durante los últimos 30 años. Su título evoca la experiencia del pintor durante muchos veranos levantándose para ver salir el sol en su taller alpujarreño, donde el artista se refugia desde el año 78 en busca de inspiración. “El color del alba no es una experiencia interior. Ver el alba no es mirar al sol sino captar la evolución del color y sus formas”, afirma.

‘Yegen, el color del alba’ está dedicada al galerista granadino Francisco Morales que en octubre de 1984 celebró el cuarto aniversario de su Galería Laguada y el taller de serigrafía Mácula con la exposición, ‘Alpujarra, Abril’, de Garciarias. En la sala Zaida aparecerán trabajos de aquellos años.
La obra reciente concluye el recorrido, focalizado en dos puntos: el espacio como lugar del pensamiento simbólico y los isomorfismos del trazo a color. También dos obras marcan la trayectoria por las treinta y cinco pinturas de la selección: ‘La noche transfigurada’, acuarela de 1992/93, y la tela que cierra la colección, de 2013: «Desde estas altas rocas innombrables pudiera verse el mar», título que toma de uno de los poemas del granadino Pablo del Águila.

Los cuadros de Garciarias recrean un paisaje sin argumento. El artista ha querido representar su esencia, para ello los ha desprovisto de elementos que puedan distraer al espectador. Tan sólo unas pequeñas alusiones a las casas alpujarreñas en apenas unas obras.
El autor es fiel a su paleta de colores, azules, malvas, verdes, blancos, la gama de tierras y unos intensos amarillos anarajandos que describen la calidez del paisaje otoñal.
El perfil constante de las creaciones alpujarreñas de Garciarias es el de la Sierra de Gádor. De ella parte y a ella vuelve una y otra vez en sus paisajes sin argumentos. En estos 30 años la obra del artista, cubano de nacimiento y granadino de adopción, ha experimentado cambios. La materia se ha vuelto más densa, la pintura se ha solidificado en capas que quedan contenidas en el contorno de las siluetas.
La exposición se completa con dos vitrinas donde se exponen objetos, haikus y libros de autor relacionados con la temática de esta colección.
‘Yegen… ha podido verse del 15 de octubre al 8 de noviembre, de lunes a sábado, de 18:00 a 21:00 horas. El día 24 de octubre, Fundación Caja Rural se sumó a la programación de la Noche en blanco, dejando abierta la sala al público hasta las 24:00 horas.

Taller para niños

Como actividad paralela a esta exposición, Fundación Caja Rural ha organizado un taller de plástica para niños que el propio Garciarias impartió el 25 de octubre en la Sala Zaida y en el que participaron más de una veintena de niños de entre 6 y 11 años.

Tras los consejos y explicaciones del pintor, cada uno de los pequeños escogió uno de los cuadros expuestos en la sala para interpretarlo en papel. Los dibujos de estas jovencísimas promesas permanecieron durante varios días visibles al público al lado de los originales del artista.

‘Yegen, el color del alba’
1984-2014
Dedicada al galerista granadino Francisco Morales
Sala Zaida
Fundación Caja Rural de Granada
Del 15 de octubre al 8 de noviembre
De lunes a sábado, de 18:00 a 21:00

Manuel Bru expone sus dibujos “inacabados” en la Galería de Caja Rural

La sala de exposiciones de Servicios Centrales de Caja Rural muestra del 9 al 31 de octubre la obra de Manuel Bru Serrano. El artista ilicitano que ha cursado sus estudios de Bellas Artes en la Universidad de Granada, donde actualmente es doctorando y becario FPU del Departamento de Dibujo, expone por primera vez el trabajo realizado durante su tesis doctoral, un proyecto en torno a la idea del final en el proceso creativo. «El cuento de nunca acabar», título de la muestra, alude a la problemática existente entre el artista y su obra, fundamentada en la toma de decisiones surgidas durante la creación.

La exposición consta de más de cuarenta obras de diferentes técnicas y formatos en las que el pájaro se convierte en protagonista absoluto.
En la planta baja de la sala se exhiben sus dibujos inacabados, una serie donde el autor ha interrumpido el proceso creativo en el «punto crítico», en el momento en el que el dibujo se debate entre las pocas decisiones que permitirían concluirlo. «Están detenidos a falta de unos toques finales», afirma. En esta serie Bru también juega al contraste al enmarcar la mayoría de sus trabajados inacabados.
La segunda planta concentra otras dos series, donde reflexiona sobre la continuación del dibujo. En la primera, Manuel Bru pone en duda la decisión final de dar por concluida una obra. Para ello ha realizado 10 fotocopias de un dibujo y sobre cada una de ellas ha creado una propuesta diferente. En la segunda, el artista ha partido de un mismo soporte, la imagen de un pájaro, sobre el que ha seguido trabajando en sucesivas fases. Bru documenta ese proceso y presenta el resultado final del estudio. «En este caso, al no ser una fotocopia, entran en juego factores como la posibilidad de que se mezclen distintas técnicas o el miedo a perder una obra ante su continuación sobre el mismo original».

La última serie gira en torno a los vasos canópeos, unos recipientes decorados con cabezas de divinidades que fueron utilizados en el Antiguo Egipto para depositar las distintas vísceras de los difuntos. Partiendo de ese concepto, Bru ha combinado en estos dibujos las formas de los pájaros y las vasijas.

La exposición se completa con una vitrina que recoge varios cuadernos de apuntes del autor y algunos libros de artista.
Manuel Bru comenzó a gestar en su mente el lenguaje artístico, que identifica sus últimas creaciones, en Venecia, donde residió mientras disfrutaba de una beca Erasmus. «En la Facultad había hecho mucho retrato, apunta, y empecé a interesarme por la abstracción, pero, a medida que me sumergía en ella, iba encontrando también figuración en la propia abstracción. Yo siempre pongo el ejemplo de las nubes. Cuando las miramos, detenidamente, al final encontramos formas reconocibles». Un viaje que camina entre una abstracción perseguida y una figuración encontrada; entre lo que «pudo ser» y lo que «podría llegar a ser». También en esta ciudad se inició su interés por los pájaros, motivo principal de sus obras. «En Venecia te fijas en unas cosas en las que no reparas en otros lugares. Allí hay muchas aves. Me gustan esos animales, su diversidad de formas y colores. Son seres muy sutiles y me atrae el efecto sorpresa del vuelo».
 ‘El cuento de nunca acabar’Sala de exposiciones de Caja Rural de GranadaDel 9 al 31 de octubreDe lunes a sábado, de 19 a 21 horas